Robb Stark

La corona de su hijo estaba recién salida de la forja, y a Catelyn Stark le pareció que era un gran peso sobre la cabeza de Robb.

La antigua corona de los Reyes del Invierno se había perdido hacía ya tres siglos, cuando Torrhen Stark se arrodilló en gesto de sumisión ante Aegon el Conquistador. Nadie sabía qué había hecho Aegon con ella, pero el herrero de Lord Hoster era un buen artesano, y la corona de Robb se asemejaba mucho al aspecto que, según las leyendas, tenía la que había ceñido las frentes de los
 antiguos Stark: un aro abierto de cobre batido, con incisiones en forma de las runas de los primeros hombres, y por encima nueve púas de hierro negro labradas en forma de espadas. Nada de oro, plata ni piedras preciosas; los metales del invierno eran el bronce y el hierro, oscuros y fuertes para combatir contra el frío.

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