Aérea Targaryen
«La princesa Aerea se ha ido, pero no se ha olvidado. Los fieles ruegan por su dulce alma por las mañanas y las noches.
Fuera de los septos, las mismas preguntas andan en labios de todos. La princesa estuvo desaparecida más de un año. ¿Adónde pudo haber ido? ¿Qué pudo haber sido de ella? ¿Qué la devolvió a casa? ¿Era Balerion el monstruo que, al parecer, aterraba a los moradores de las colinas de Terciopelo de Andalia? ¿Sus llamaradas provocaron el incendio que arrasó las Tierras de la Discordia? ¿El Terror Negro pudo volar a un lugar tan lejano como Astapor y tratarse del dragón del reñidero? No, y no, y no. Son meras fábulas.
»No obstante, si dejamos de lado tales distracciones, el misterio pervive.
¿Adónde fue Aerea Targaryen tras abandonar Rocadragón? Al principio, la reina Rhaena pensó que había volado a Desembarco del Rey, pues la princesa no mantenía en secreto su anhelo de regresar a la corte. Cuando se vio que no había sido así, Rhaena la buscó en Isla Bella y Antigua. Ambas le parecieron posibles destinos durante un tiempo, pero Aerea no dio señales de vida en ninguno de los dos lugares, ni en ningún otro sitio de Poniente. Otros, incluidos la monarca y yo mismo, concluimos que aquello suponía que la princesa había volado a oriente, no a occidente, y podría encontrarse en alguna parte de Essos. La joven muy bien podía haber pensado que las Ciudades Libres quedaban más allá del alcance de su madre, y la reina Alysanne, en concreto, parecía convencida de que Aerea huía tanto de Rhaena como de la propia Rocadragón. Aun así, los agentes e informadores de lord Rego no dieron con pista alguna de ella al otro lado del mar Angosto…, ni siquiera con hablillas sobre su dragón. ¿Por qué?
»Aunque no puedo ofrecer prueba fehaciente alguna, sí puedo aventurar una respuesta. Me parece que todos nos hemos planteado la pregunta indebida. A Aerea Targaryen aún le quedaba bastante para cumplir su decimotercer día
del nombre la mañana en que se escabulló del castillo de su madre. Aunque no era desconocedora de los dragones, jamás había montado ninguno…, y por razones que tal vez jamás comprenderemos, escogió a Balerion en lugar
de alguno de los más jóvenes y tratables de los que disponía. Conturbada como estaba por los conflictos con su madre, cabe la posibilidad de que, sencillamente, desease una bestia mayor y más temible que Fuegoensueño, la dragona de esta. También podía caber el deseo de domar la bestia que había
dado muerte a su padre y a la dragona de este (aunque la princesa Aerea jamás había conocido a su padre y cuesta saber qué sentimientos podía albergar por él y por su muerte). Cualesquiera que fueran sus razones, así fue como eligió.
»La princesa muy bien podría haber pretendido volar a Desembarco del Rey, tal como su madre sospechaba. También pudo abrigar la idea de buscar a su
hermana gemela en Antigua, o de ir en pos de lady Elissa Farman, quien en tiempos le había prometido llevarla a correr aventuras. Fueran cuales fueran sus planes, no importaron. Una cosa es encaramarse a lomos de un dragón y otra muy distinta que se pliegue a la voluntad del jinete, sobre todo tratándose de una criatura tan vieja y fiera como el Terror Negro. Desde el principio nos hemos preguntado: “¿Adónde llevó Aerea a Balerion?”, cuando deberíamos haber inquirido: “¿Adónde llevó Balerion a Aerea?”.
»Tan solo una respuesta cobra sentido. Recordemos que Balerion era el más voluminoso y anciano de los tres dragones que montaron en la Conquista el
rey Aegon y sus hermanas. Vhagar y Meraxes habían eclosionado en Rocadragón; tan solo Balerion había llegado a la isla con Daenys la Soñadora y Aenar el Exiliado, el más joven de los cinco dragones que llevaron consigo.
Los dragones más viejos habían muerto en los años sucesivos, pero Balerion sobrevivió, creciendo aún más en tamaño, fiereza y empecinamiento. Si descartamos las historias de ciertos hechiceros y charlatanes, como bien
deberíamos, es muy posible que sea la única criatura viva del mundo que conoció Valyria antes de la Maldición.
»Y allí fue adonde llevó a la pobre niña condenada, a horcajadas sobre su lomo. Si la princesa fue de grado, mucho me extrañaría, pues carecía de las fuerzas, la voluntad y los conocimientos precisos para guiarlo.
»Lo que se hiciera de ella en Valyria ni siquiera puedo imaginarlo. A juzgar por el estado en que volvió a nosotros, ni tan solo deseo planteármelo.
Pero muy equivocado andaría el mundo de creer que nada vive allí ahora. Los seres que hallamos dentro de Aerea Targaryen son sus moradores, aventuraría yo…, junto con otros tantos horrores que ni tan siquiera podríamos empezar a concebir. He dado cuenta aquí largo y tendido de cómo murió la princesa, pero hay algo más, si cabe más aterrador, digno de mención:
»Balerion también había llegado herido. La enorme bestia, el Terror Negro, el más temible dragón que jamás hubiese surcado los cielos de Poniente, retornó a Desembarco del Rey con llagas a medio sanar que ningún hombre recordó haber contemplado jamás, y un rasgón en el costado izquierdo de casi siete codos, una bermeja herida de la que aún brotaba sangre caliente y humeante.
»Los señores de Poniente son hombres de sumo orgullo, y los septones de la Fe y los maestres de la Ciudadela, a su propio estilo, son más orgullosos si cabe, pero hay mucho más en la naturaleza del mundo que no comprendemos, y que tal vez jamás comprendamos. Puede que eso constituya una clemencia. El Padre nos creó curiosos, hay quien dice, para poner nuestra fe a prueba. Es mi pertinaz pecado que cada vez que me topo con una puerta, necesito ver qué se encuentra al otro lado, pero ciertas puertas es mejor que sigan sin abrir. Aerea Targaryen traspasó una de tales puertas».
Comentarios
Publicar un comentario