EL DESTINO DE LOS ANILLOS DE PODER

EL DESTINO DE LOS ANILLOS DE PODER 

Tres fueron los últimos anillos que se habían hecho solo por los elfos, y los que tenían más grande poder. Narya, Nenya y Vilya se llamaban, los Anillos del Fuego, y del Agua, y del Aire, que tenían engarzados un rubí y un diamante y un zafiro; y eran de todos los anillos élficos los que Sauron más deseaba, pues quienes los poseyeran podrían evitar el deterioro y demorar la fatiga del mundo. 

Sauron recogió todos los Anillos del Poder que quedaban, y los repartió entre los otros pueblos de la Tierra Media, con la esperanza de tener así sometidos a todos los que desearan contar con un poder secreto, fuera de los alcances de su propia especie. Siete anillos dio a los Enanos; pero a los Hombres les dio nueve; porque los Hombres en esto, como en otros asuntos demostraron ser los más dispuestos a someterse. Y todos los anillos que Sauron gobernaba, los pervertía, con bastante facilidad pues él mismo había contribuido a hacerlos, y estaban malditos, y traicionaron al final a todos quienes los llevaban. Los Enanos demostraron ser firmes y nada dóciles; no soportan de buen grado el dominio de los demás, y es difícil saber lo que en verdad piensan, y tampoco es fácil inclinarlos a las sombras. Sólo llevaban los anillos para la adquisición de riquezas; pero la ira y una abrumadora codicia de oro les encendió los corazones, mal del que luego Sauron obtuvo gran beneficio. 


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