La pelea entre Aemond y Lucerys

 La pelea entre Aemond y Lucerys, que acaba con la muerte del segundo .

"Se había desencadenado una tormenta. Los truenos sacudían el castillo; llovía a cántaros, y de vez en cuando, enormes relámpagos de un blanco azulado iluminaban el mundo como si fuera de día. Era un mal clima para volar, hasta para un dragón, y Arrax luchaba por mantenerse en el aire cuando el príncipe Aemond montó en Vhagar y partió en su pos. 

De haber estado el cielo más calmado, el príncipe Lucerys podría haber huido de su perseguidor, pues Arrax era más joven y rápido, pero «aquel día era tan negro como el corazón del príncipe Aemond», dice Champiñón, por lo que los dragones convergieron en la bahía de los Naufragios. 

Los que observaban desde la muralla vieron ráfagas de fuego a lo lejos, y oyeron un grito por encima de los truenos. A continuación, las dos bestias se enzarzaron en el cielo hendidode relámpagos. Vhagar era cinco veces mayor que su rival, además de una veterana curtida en cien batallas; si hubo pelea, no debió de ser muy larga. Arrax cayó destrozado y lo engulleron las aguas azotadas por la tormenta de la bahía. Su cabeza y cuello llegaron a la orilla, bajo los acantilados de Bastión de Tormentas, tres días después, convertidos en banquete para cangrejos y gaviotas. 

Champiñón asegura que el mar también arrastró el cadáver del príncipe Lucerys a la costa, y que el príncipe Aemond le arrancó los ojos y se los presentó a lady Maris sobre un lecho de algas, aunque parece demasiado excesivo para ser verdad. Hay quien dice que Vhagar arrancó a Lucerys del lomo de su dragón y se lo tragó de un bocado, y hasta hay otros que afirman que el príncipe sobrevivió a la caída y huyó a nado a un lugar seguro, pero perdió cualquier recuerdo de quién era y pasó el resto de sus días como un pescador corto de entendederas.

El Relato verídico concede a estas versiones el respeto que merecen: ninguno. Munkun insiste en que Lucerys Velaryon murió junto con su dragón, y sin lugar a dudas está en lo cierto. El príncipe tenía trece años; nunca encontraronsu cadáver, y con su muerte terminó la guerra de cuervos, emisarios y pactos matrimoniales, lo que dio comienzo a la guerra de fuego y sangre propiamente dicha.

Aemond Targaryen, que desde entonces sería conocido por sus enemigos como Aemond el Matasangre, regresó a Desembarco del Rey, habiendo conseguido el apoyo de Bastión de Tormentas para su hermano Aegon y la enemistad eterna de la reina Rhaenyra. Si esperaba recibir la bienvenida de un héroe, quedaría decepcionado. 

La reina Alicent palideció al enterarse y gritó: «¡Que la Madre se apiade de todos nosotros!». 

Ser Otto tampoco se sintió complacido. «¿Cómo pudiste estar tan ciego habiendo perdido un solo ojo?», se dice que preguntó. 

El rey Aegon II, sin embargo, no compartía sus preocupaciones. Recibió al príncipe Aemond con un banquete, proclamó que pertenecía «a la legítima sangre del dragón» y anunció que había sido «un gran comienzo»."

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