Episodio 7 : Reflexión

La historia de la Mantis alcanzó una enorme repercusión en los medios de comunicación. Todos los programas televisivos daban cuenta de su presencia en la ciudad y la prensa escrita se hacía eco de sus hazañas y de la reflexión que su figura conllevaba.
Unos días después de ser vista por última vez en el centro de la ciudad, el periodista más importante de la cadena de televisión local convocó a una rueda de prensa en la que se anunciaba la emisión de un reportaje sobre la Mantis.
El lugar escogido para la cita era el auditorio principal de la ciudad y el periodista, flanqueado por varios expertos en sociedad y psicología, inició la presentación.
—Buenas tardes a todos, y gracias por estar aquí. Hoy presentamos un reportaje sobre un fenómeno que está sacudiendo nuestra ciudad. La Mantis es el seudónimo que se le ha otorgado a una mujer que, desde hace unos días, ataca a aquellos hombres que han cometido algún tipo de abuso contra las mujeres.
La sala quedó en silencio, expectante ante la noticia.
—Pero… ¿qué valoración hace el equipo de expertos sobre este comportamiento? —preguntó una reportera entre el público.
—Es precisamente sobre eso que queremos reflexionar —respondió el periodista. —La Mantis parece haber despertado algo en la ciudadanía. Unas personas la ven como heroína, como una especie de justiciera que defiende a los más débiles. Pero otras, la critican por estar fuera de la ley, por tomarse la justicia por su mano.
—Claro que sí, está claro… Pero, ¿no creen que la ciudadanía está justificando la violencia? —inquirió otro periodista.
El equipo de expertos intervino en la conversación.
—La violencia, en sí misma, no es una solución; no la defendemos bajo ningún concepto, pero sí es cierto que la Mantis está elevando el debate sobre la violencia de género. Por primera vez, la ciudad está hablando de ello, de sus raíces y de sus soluciones.
—Pero, ¿qué hay de la ley, acaso el fin justifica los medios? —preguntó un abogado.
—Desde luego que no —respondió el psicólogo del equipo. —Es importante que toda acción que se tome, por legítima que sea la causa, se haga dentro de la legalidad. Si no es así, los supuestos abusos de la ley sentirán que tienen el derecho de actuar de la misma forma, y todo lo que se conseguirá es crear un clima de inseguridad e inestabilidad en la ciudad.
—Es verdad que la Mantis ha puesto la mano en un avispero, pero… hay algo que no me cuadra —dijo un experto en criminología. —Es decir, estamos hablando de alguien que va por ahí golpeando a otras personas. ¿De verdad creemos que una persona que actúa así puede ser una justiciera?
El periodista intervino de nuevo.
—La Mantis no es una justiciera, precisamente. Lo que muchas personas ven y se admiran, es que ha roto el silencio. La violencia de género ha estado presente en nuestra sociedad durante muchos años, pero nunca antes la había enfrentado de esta manera.
La rueda de prensa se alargó durante varias horas, con distintas preguntas y reflexiones sobre los mensajes que la Mantis quería transmitir y la legalidad de sus acciones. Se alzaron voces a favor y en contra, pero una cosa estaba clara: la figura de la Mantis estaba presente en la ciudad y en la sociedad.
Esa misma noche, en las calles de la ciudad, se podían ver pintadas y mensajes de apoyo a la Mantis. Incluso había grupos de ciudadanos que se autoproclamaban sus seguidores y que defendían la necesidad de una justicia más igualitaria.
Mientras tanto, la Mantis continuaba con sus acciones. Nadie sabía quién era, ni qué percibía en su camino, pero clamaba por la igualdad entre hombres y mujeres, y el estado de derecho. Y eso, en tiempos de incertidumbre y confusión social, era precisamente lo que necesitaba la ciudad.

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