Episodio 8 : Recuerdos
La Mantis se encontraba en su escondite, tratando de relajarse después de una extenuante tarea para su banda delictiva. Pero algo extraño comenzó a sucederle. Comenzó a tener visiones y recuerdos de su pasado que la llevaron a su vida actual. Después de años de reprimir sus emociones, las imágenes que surgieron en su mente eran tan fuertes que la Mantis no pudo evitar soltar lágrimas. Sabía que había llegado el momento de enfrentar su pasado y descubrir qué la llevó a convertirse en la delincuente que era hoy.
De repente, la escena cambió y la Mantis se encontró en su antiguo hogar. Se veía a sí misma de 7 años, con su hermano menor apoyado en su hombro, viendo cómo su padre golpeaba salvajemente a su madre. La Mantis cerró los ojos y apretó los dientes, reviviendo la rabia y la impotencia que sentía entonces.
Cuando abrió los ojos de nuevo, se encontró en la calle con su hermano, corriendo hacia una iglesia en la esquina. Se recordó a sí misma tocando la puerta en busca de ayuda, pero su abuela no abrió la puerta. La Mantis, en su visión, gritó de frustración. Su hermano le preguntó si su abuela podría ayudarlos, pero ella miró a su hermanito y asintió con la cabeza. Sabía que en su familia nadie los salvaría.
La escena cambió de nuevo y la Mantis estaba frente a un barrio salvaje y desolado, lleno de drogas y gente peligrosa. A los 13 años, ella y su hermano se habían mudado sin rumbo fijo, buscando una mejor vida. Pero en lugar de eso, fueron reclutados por una banda criminal. La Mantis recordó vívidamente su primera tarea para la banda: robar en una tienda de ropa. Se recordó a sí misma temblando, sintiéndose enferma ante la idea de robar, pero también sabía que no tenía otra opción. Si no cumplía con la tarea, su hermano sufriría las consecuencias.
En la escena final, la Mantis estaba en el mismo callejón donde robó por primera vez. Esta vez, su hermano ya no estaba con ella. Se encontraba sola en una misión para su banda y falló estrepitosamente. Fue capturada por la policía, enfrentando duras consecuencias por sus acciones. Fue en ese momento en que supo que su vida ya no volvería a ser igual.
La Mantis se levantó de su escondite con la mirada perdida en el suelo. “Lo siento, hermano…”, susurró, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. “Lo siento tanto…”
De repente, sintió una mano en el hombro. Levantó la vista para ver a su líder de banda, quien se veía sorprendentemente compasivo.
“¿Te encuentras bien, Mantis?”, preguntó él con voz suave.
La Mantis lo miró por un momento, sin saber cómo responder. Pero finalmente dijo: “No lo sé. Sólo necesito un poco de tiempo para procesar las cosas”.
Su líder asintió lentamente. “Te doy todo el tiempo que necesites”, dijo, antes de caminar hacia la puerta y salir del escondite.
La Mantis suspiró largamente. Sabía que tenía mucho que descubrir sobre sí misma y su pasado, pero por primera vez, se dio cuenta de que no tenía que hacerlo sola.
Se sentó en silencio, las visiones aún girando en su cabeza. Pero al menos sabía que quizás, solo quizás, estaba en camino de descubrir la razón real detrás de su oscuro pasado.
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